La puntualidad

Hoy quiero referirme a la puntualidad ya que me llama la atención como en nuestros países latinoamericanos la puntualidad es vista casi como un chiste  y no como un valor; aquel valor que nos enseñaban nuestros abuelos y que conjuntamente con “la palabra empeñada” hacían de nuestra sociedad un entorno “VIVIBLE” de damas y caballeros.

En nuestros países es motivo de burla aquel que es puntual, a menudo se le dice “eres puntual como un inglés” seguido de risas,  como si ser puntual fuese lo negativo. Luego vienen los halagos y disculpas de los que constantemente llegan tarde y con franca sonrisa sencillamente se expresa “así somos en este país”

La puntualidad dice de la formación de las personas y sus valores. Es una de las normas básicas de convivencia en sociedad y habla de la responsabilidad y el respeto que demostramos por los demás; es un valor de la humanidad que se construye y cultiva con esfuerzo, disciplina y  respeto, orden, eficacia, organización y planificación del tiempo, actitud positiva, pero sobre todo teniendo claro que un acto de impuntualidad de nosotros puede acarrear a otros problemas que podrían resolverse con el simple acto de responsabilidad de nuestra parte de ser puntuales.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización del tiempo disponible, de planeamiento en las actividades y principalmente, implica una grave desconsideración, descortesía e irrespeto a la persona con la cual no se cumple. La persona que es impuntual pierde la credibilidad, ya que no cumple con la palabra que empeñó. Es similar a no cumplir un contrato tácito. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.

Deseo hacer nuevo énfasis en esto: La impuntualidad es una falta de respeto y de responsabilidad de uno hacia sí mismo y hacia los demás. Si consideramos que el «tiempo es oro» podríamos afirmar que esta determina una pérdida de tiempo y por ende es similar a la pérdida de algo valioso e irrecuperable. La informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Robar el tiempo es en cierta medida similar a robar dinero. Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerles a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden personal y nos convierte en personas dignas de confianza.

Para la cultura oriental la puntualidad es uno de los diez puntos básicos del éxito personal, y en otras  culturas que valoran puntualidad, retrasarse es lo mismo que demostrar desprecio por el tiempo de otra persona y se puede considerar un insulto. En tales casos, la puntualidad se puede hacer cumplir por penas sociales, por ejemplo excluyendo enteramente a los que llegan más tarde de las reuniones.

Mi mayor deseo es poder contribuir en mi entorno a esta toma de conciencia, en la seguridad que este pequeño y gran valor a la vez contribuirá al engrandecimiento de nuestros pueblos latinoamericanos.

Hasta un próximo encuentro